Nos desplazamos a Gérgal para ver la etapa de la Vuelta que acabará en Calar Alto, a 2 200 m de altura en la Sierra de los Filabres. Ya habíamos tenido la misma aventura hace nueve años, el 30 de agosto de 2017, aunque en esta ocasión somos uno más: Emilio, Ángel, Eufrasio, Plácido y yo. Si aquella vez no se nos olvidará nunca por el frío que pasamos -siendo Almería y agosto- esta parece que también quedará en el recuerdo pero por lo contrario, por el calor. En Andújar se alcanzaron 44.5ºC y allí la temperatura no se quedaría muy por debajo. Tiritones y calambres en el mismo sitio y en las mismas fechas pero con condiciones climáticas muy diferentes.
A las 10, y con mucho bochorno, salimos subiendo hacia Olula de Castro y Castro de los Filabres, haciendo ya un desnivel previo de 750 m+. Nada más bajar a la carretera de Tabernas empieza la subida al pueblo de Velefique y luego el espectacular y precioso puerto, con sus decenas de curvas y 1 800 m. de altitud. Cada vez hace más calor y apenas hay sombras. Espero un par de veces a Plácido que va subiendo cuidando mucho sus pulsaciones.
Íbamos muy retrasados respecto a la hora en que tenía pensado parar a comer en Bacares, y salimos hacia Calar Alto casi a las 4, con la carrera ya tras nosotros y temiendo que la Guardia Civil no nos dejara llegar a meta, como así fue. La subida hasta el Collado del Ramal es realmente dura, mucho más con esas temperaturas, y a todos se nos hace muy larga, con calambres para más de uno. Unos antes y otros después, tuvimos que parar para dejar paso a los protagonistas del día, siendo Emilio y yo los que casi conseguimos llegar al final.
Finalmente vimos pasar a los profesionales en sitios diferentes y nos juntamos en el cruce de Calar Alto para hacer cómodamente la larguísima bajada hasta Gérgal y volver a casa.
La etapa la ganó la nueva promesa eslovena, Jakob Omrzel, que entró solo de entre los de la escapada y Enric Mas fue quinto, sacando unos 30 segundos a sus rivales directos.
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