Nueva aventura ciclista para atravesar media Andalucía de este a oeste, hasta el último pueblo: Ayamonte.
En un principio seríamos un grupo de cinco ciclistas, que por diversas circunstancias, finalmente quedó en dos y medio: Moab, brasileño de Portugal, Fran, de Córdoba, que se uniría a nosotros en Peñaflor, y yo. Así que en el Castillo estábamos a las seis y media de la tarde los dos valientes :), que no nos conocíamos de nada, con carretera por delante para una noche y un día, y amenaza de lluvia.
Salimos a las 7 de la tarde y en seguida nos enfrentamos a la nacional de Córdoba, con sus pendientes, su tráfico, y sus vistas de Alcaudete al atardecer, que son bellísimas. Llegando a la Estación de Luque cae la noche y abandonamos esa carretera. En la subida al pueblo me adelanto al compañero y al llegar, mientras lo espero, paro a tomar una foto del castillo, y me adelanta. Desde ese momento no lo volví a ver hasta la tarde en el hotel de Vila Real. Estuve muchos kilómetros pensando que lo tenía por delante, pero como comprobamos después, en Luque tomó una calle equivocada y en ese momento lo adelanté.
Saliendo de Luque empieza a llover, no demasiado, pero en estas sierras la lluvia se convierte en frío. Primer control en Cabra y empiezo a pensar que es raro que no haya cogido al compañero, que quizás venga detrás de mí. Decido seguir hasta Lucena que es donde habíamos decidido para a cenar. La ruta no entraba en la ciudad, pero yo lo hago para buscar un sitio donde comer, aunque finalmente paro en el Burguer King, que está saliendo de Lucena y muy cerca del track. Mi aviso a Moab lo ve un poco tarde, justo saliendo de Lucena, y no para, sigue hasta Puente Genil. Mientras estoy cenando llueve fuerte, y yo empiezo a tiritar, dentro del burguer 😊😊.
Reanudo mi camino y no paro hasta Écija. Sigue lloviendo ligeramente, pero ya no hace frío. Desde Puente Genil la ruta se convierte en silencio, muchos kilómetros sin cruzarme con nadie, con toda la carretera para mí: gozo absoluto. En la entrada a Écija vuelvo a mirar la ubicación de cada uno y compruebo que estoy muy adelantado, incluso de Edu que nos esperaría en Peñaflor con el coche. Esperar a Moab sería estar parado mucho tiempo y estando mojado de noche eso no es buena idea. Tomo otra foto en la columna romana y retomo el camino.
Al paso por Palma del Río veo las murallas a lo lejos y me recuerdo a mí mismo que me debo una visita tranquila al pueblo. El puente sobre el Guadalquivir de noche ofrece una estampa magnífica.
Llego a Peñaflor y espero unos 10 minutos. Cuando decido seguir, llega Edu con el coche y café fresquito del que se vende preparado. Me tomo dos vasos que me sientan mejor que el Nescafé a George Clooney :). Empieza a llover de nuevo, sellamos el control de paso y vuelvo a la carretera. Se ve que al rato llegaron Moab, que siguió con lluvia fuerte, y Fran, que decide esperar en el coche a que escampe.
El camino continúa por la ribera derecha del Guadalquivir, en completo silencio por falta de tráfico. Solo el aire en los oídos y el rodar de la bici. Como está nublado, la noche no está muy oscura, lo que hace el camino más agradable. A lo lejos se empieza a ver el resplandor contra las nubes de Sevilla, como un eterno atardecer.
Cuando el río empieza a girar al sur, mi camino lo hace la norte buscando Guillena y Aznalcóllar. Aquí estaba el siguiente punto de control, tomo foto, como un poco, y empieza a amanecer. Desde ahí ya no lloverá más y a pesar de lo temprano de la hora, la temperatura es muy agradable.
Me pego otra buena tirada hasta Manzanilla, donde paro a desayunar: café y mollete con zurrapa colorá: ¡riquísima!.
Siempre con viento favorable, llego a Niebla, y disfruto mucho más de las vistas del castillo que cuando estuve allí, por otros motivos, en septiembre.
La siguiente parada será en Huelva. El paso se hace muy pesado por los muchos semáforos que hay en la ciudad, como en todas. Me salgo un poco de la ruta trazada para llegarme al Muelle de Rio Tinto y recordar la visita de septiembre. Es muy pronto y voy muy adelantado con respecto a tiempo previsto, así que ahí me recreo con las vistas y casi me uno a un grupo que está haciendo una visita guiada.
La ruta continúa por el bonito carril bici de las Marismas del Odiel hasta El Portil. Tomo la última foto de control de paso y me subo a las dunas a disfrutar de las vistas del océano. Había pensado comer ahí, pero es pronto y realmente no tengo hambre. Me apaño con mis galletas y sigo.
Me quedan unos 40 km, que se separan en dos partes. La primera, hasta Cartaya, muy bonita y con una carretera, que aunque en subida, es muy cómoda. Desde ahí hasta Ayamonte, por la antigua nacional, el camino es infernal: la carretera y el arcén están destrozados y hay mucho tráfico. Se hace muy pesado, pero finalmente, claro, llego al destino, que no la meta 😄, por el puerto deportivo y el Paseo de la Ribera, que ofrece una estampa preciosa de la ciudad. Me acerco al muelle del ferry a Vila Real para controlar el horario, y como tengo tiempo de sobra, me quedo a comer allí disfrutando de unas buenas cervezas y mejores tapas en la Hermandad del Rocío.
A las 4 tomo el barco y Edu me está esperando en el lado portugués. Fran no enganchó ese mismo por 5 minutos. Moab no llega para coger el último y volvemos a España a por él con la furgoneta.
Cuando ya estamos todos salimos a cenar, en un restaurante italiano, el Bella Napoli, con una camarera muy graciosa. Para poner la guinda, Edu nos canta, pero no ópera italiana: Granada, tierra soñada ♪♪...








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