Empieza el viaje con muy pocas horas de sueño después de la noche de candelas.
Tren a Sevilla, aunque hasta Córdoba el viaje es en autobús ya que las vías están cortadas por las muchas borrascas de estos días
Está lloviznando, pero tengo varias horas para dar una vuelta, así que las aprovecho. Una visita al Cristo de los Gitanos, un desayuno de carne mechada buenísimo, y un vistazo a la Casa de Pilatos. Me entero del porqué del nombre 😊.
En el vuelo voy en pasillo, así que no veo mucho por la ventanilla, pero me sorprende que el campo está muy verde y la tierra, bastante oscura. Este no es el desierto que se podía imaginar.
En el aeropuerto, mucho control de policía, y me cuesta pasar porque no me sabía el nombre del hotel (riad) al que venía. 🙈
La ciudad es un caos, desde el principio. Las motos se te aparecen por todos lados, algunas con la familia entera encima. Pero todos pasan, sin pitidos, sin malas caras. El riad está dentro de la medina, un sitio chulísimo, donde me reciben con un té en el patio que me sienta como Dios 😃.
En seguida salgo a andorrear. Muchísima gente, muchísimas motos, y muchos comercios, de todo tipo, casi todos muy cutres. Llego a la gran plaza Djemaa el-Fna y entro al laberíntico zoco. Hay gran cantidad de músicos callejeros en la plaza, pero va cayendo la noche y se empieza a vaciar.
Tengo que buscar un local para cambiar dinero, que aquí la tarjeta no sirve en casi ningún sitio. Entro al que veo más conveniente y el muchacho está rezando. Ni caso, él sigue. Se forma cola, pero se ve que tiene que terminar.
Al lado hay un restaurante, para turistas, pero con comida marroquí. Me pido un tajín de ternera que está de escándalo, y limonada. Ni siquiera aquí se puede pagar con tarjeta. Menos mal que he cambiado 🙂
Volviendo para casa, me paso por la mezquita de la Koutoubia y la puerta más vistosa de la medina, la Bab Agnaou, que dicen que conmemora la victoria sobre los cristianos en Alarcos.
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