Leila Guerriero
29 NOV 2025 - 05:30 CET
Leo un libro del físico teórico Carlo Rovelli: ¿Y si el tiempo no existiera? La física cuántica es un enigma que asusta y conmueve. Peter Handke escribió en Poema a la duración: “Una y otra vez he sabido lo que es la duración; / al empezar la primavera, junto a la Fontaine Sainte-Marie; / en el viento de la noche, junto a la Porte d’Auteuil; / (…) Esta duración, ¿qué era? / ¿Era un lapso de tiempo? / (…) / No, la duración era un sentimiento, / (…) a menudo pasaba más rápido que un instante (…) / Y sin embargo, con su ayuda, / cualquiera que hubiera sido el adversario, / me hubiera podido reír de él a la cara/ (…) si hubiera, si existiera un dios, / yo hubiera sido su hijo durante el tiempo en que estuviera sintiendo la duración”. La duración, en el poema, es la evidencia de que el tiempo no existe, de que hay microsegundos poco aparatosos que condensan una vida. Hace años, estaba en una isla. No había agua caliente ni luz eléctrica. Había orquídeas, vampiros, ardillas. Una noche, bajo la seda negra del cielo raspado por la luna, vi salir del mar al hombre con quien vivo. Llegó a mi lado, apagó su linterna de buceo, se sentó en la arena. Tenía el rostro nimbado de agua, la expresión de quien acaba de ver algo magnífico. Me habló de corales, de anémonas. Dijo cosas que nunca había dicho mientras parecía que hablaba del mar. No teníamos rumbo, ni dinero, ni más ambición que la de estar ahí, sudando bajo las estrellas. Sentí, como dice Handke, que podía “rodear con palabras el sentimiento de la duración / como un acontecimiento que consiste en estar atento, / un acontecimiento que consiste en percatarse, / un acontecimiento que consiste en ser abrazado, / un acontecimiento que consiste en ser atrapado;/ ¿atrapado por qué?, por un sol suplementario, / (…) que afina y pone de acuerdo todas las disonancias”. Segundos sucedidos hace décadas que duran para siempre, instantes en los que todos somos hijos de los dioses.
El pasado sábado 30 de mayo nos reunimos en Castillo de Locubín un grupo de treinta y tantos aficionados al ciclismo, al silencio y a los paisajes abiertos. Como dijo Jaime, cada uno con su pedrá 😅. Comenzaba una aventura en la que recorrer 2 000 km en bici en un máximo de 200 horas dando una vuelta completa a Andalucía para volver al Castillo de Locubín antes de las 16 horas de ayer, domingo 7 de junio. Por diversos motivos, hubo cinco abandonos y todos los demás lo conseguimos, entrando unos ya el viernes y así hasta el domingo poco antes del cierre. Randonneurs Andalucía La vuelta ha atravesado o ha transcurrido por las inmediaciones de los grandes parajes andaluces: la Hoya de Guadix, Sierra Nevada, desierto de Tabernas, Cabo de Gata, acantilados de la costa de Granada, boquete de Zafarraya, serranías de Ronda y Grazalema, Tarifa y Campo de Gibraltar, Zahara de los Atunes, Doñana, Marismas de Huelva, el Andévalo, valle del Guadalquivir, Sierra Mágina...
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